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LA GRAN REVOLUCIÓN ECLESIÁSTICA
DEL SIGLO XIII
Francisco Fortes Figuerola y
Elsje Fokkelman
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En 1181 en el
centro de la península itálica, en la provincia de Perugia y la región de la
Umbría nacieron dos de los santos más importantes del cristianismo y cuya
acción trascendió de la piedad personal a la dinámica organizacional de la
Iglesia y su relación con la sociedad. Fueron Francisco y Clara,
San
Francisco de Asís y Santa Clara. Francisco de Asís, que fue el
precursor del movimiento, era hijo de familia con posibles de la nueva
clase
social de los burgueses. Su vocación se expresó pasados los veinte años de
edad tras un periodo de soledad y reflexión, siendo seguido pronto por otros
buscadores de una "Verdad renovada". A los pocos años disponía ya de
5.000 seguidores llamados "frates minores", el germen de la Orden
Franciscana extendida por toda la tierra. Su labor al frente de los varones
fue seguida de Santa Clara, originaria de su misma ciudad, en las mujeres,
fundando "las Clarisas". Los franciscanos seguirían la Regla Primera de San
Francisco y fuero aprobadas por Inocencio III. Poco tiempo después nacería
la "Orden Tercera" para acoger a los laicos imbuidos de sus conceptos. |
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Dos años antes del
nacimiento de Francisco, la Iglesia se encontraba enfrascada en encontrar un
nuevo puesto en el mundo. La sociedad medieval iba dando los primero
signos de agotamiento y se atisbaba que su fin estaba relativamente cercano.
De la capacidad de adaptación de la Iglesia dependería su supervivencia.

En
1179 se celebró el III Concilio de Letrán en la Archibasílica de San
Giovanni in Laterano. Este concilio será nominado como el XI ecuménico. El
papa Inocencio III presidió el concilio en el que se trataron temas
importantísimos que dieron lugar a la que he llamado "revolución
eclesiástica el siglo XIII". Algunos de los temas tratados y acordados en
forma de cánones fueron:
La edad mínima para ser cardenal sería de 30 años.
La elección del papa sería por los 2/3 del cónclave y éste sólo
estaría formado por cardenales.
La anulación de todas las ordenaciones de los antipapas previos.
Prohibir ordenar clérigos sin presupuesto, es decir, sin los medios
de subsistencia.

Prohibir cobros por administrar la bendición, los sacramentos o
enterrar a los difuntos.
Los Templarios y Hospitalarios quedaban libres para no seguir las
regulaciones canónicas.

Las Iglesias catedrales tendrían un beneficio para pagar la enseñanza
de los clérigos y los pobres y que así ésta fuese gratuita para
ellos.
Puso en macha a la Cruzada contra la herejía cátara albigense.
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Como
vemos, el III Concilio Lateranense corrigió actitudes medievales erróneas y
orientó la política de la Iglesia para los siglos venideros. Fue un hecho
crucial presidido y dirigido por un papa excepcional. Inocencio III,
el más brillante papa de todos los tiempos, el "stupor mundi" como era
conocido, puso orden, seriedad y rigor en la Iglesia. Evitaba las
desviaciones de la carne y las corruptelas propias de la
escasez de medios económicos del clero. Liberaba a las órdenes militares de
una vida mucho más propia de clérigos que de militares y perseguía a los que
ponían en entredicho la unión de la Iglesia con actitudes heréticas.
La inteligencia de estadista de Inocencio III es clara, pues consiguió la
sumisión del poder temporal de todos los reyes de la época mediante la
diplomacia y la sabia administración de las penas canónicas como la
excomunión que aplicó a reyes y poderosos, desde Juan sin tierra a Pedro II
de Aragón o al Conde de Toulouse. El poder pontificio y la fe en Cristo se
extendería por todos los confines del Orbe "misiones" y sería llevado
por unas congregaciones nuevas, las Órdenes Mendicantes, que enterrarían las
espadas y sacarían el argumentario.

Si
el postulado básico de los herejes cátaros y valdenses era su amor por la
pobreza, la Iglesia tomaría esta bandera para arrebatársela de las manos a
través de los fundamentos teológicos, de la práctica de la misma y del
combate militar. |
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Dos figuras son
las esenciales en la puesta en marcha de la respuesta de la Iglesia a los
nuevos tiempos, serán Francisco de Asís y Domingo de Guzmán. Ambos santos
serán los fundadores de los franciscanos y los dominicos los frailes llamados
"predicadores". |
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Francisco de Asís y Domingo de Guzmán, los dos
pilares de las órdenes mendicantes que fueron en alguna medida los bastiones
en los que Inocencio III primero y la Iglesia en su globalidad después, se
basaron para la gran transformación que 250 años después ocurriría. El
nacimiento de los estados nación y la economía mundo, los grandes
viajes transoceánicos con el paso del viejo mundo centrado en el
Mediterráneo al mundo moderno más centrado en el Atlántico. Fue así el
abandono definitivo del Medioevo y la llegada de la Edad Moderna. |
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En esquema se
produjeron los siguientes cambios: Del poder feudal rural y omnímodo con
reyes débiles, al poder burgués con monarquías fuertes pero sometidas a la
dirección de la cabeza de la Iglesia Universal: "el papado".
De una Iglesia regular (monacal) aislada en lugares apartados de la
sociedad y dependiente o de las donaciones interesadas o de su propio
trabajo manual para su subsistencia, a las órdenes mendicantes de hábitat urbano
y preocupada por la cura de almas.
De un clero diocesano o secular básicamente inculto y con
relajación de costumbres, a un clero formado en las escuelas catedralicias y
sometidos a la competencia en la cura de almas por los mendicantes.
De herejes cátaros y valdenses abanderados de la pobreza dejando en mal
lugar a la Iglesia oficial envuelta en riquezas y en un egocentrismo de muy
difícil defensa intelectual, a la pobreza institucionalizada en las órdenes
mendicantes.
De órdenes monacales con gran autonomía (abades) y recursos propios a
través de las "donaciones" de los poderosos locales y reyes, a ordenes
mendicantes con dependencia directa del papa y sin la menor apetencia
económica al vivir de limosnas. |
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Gracias por su atención |
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