Alcazaba de Málaga, belleza y fortaleza ensimismadas

Elsje Fokkelman y Francisco Fortes

Colección: medieval-spain.com

 

 

Málaga, fenicia, romana, visigoda, bizantina, musulmana y cristiana. De la Edad Media nos quedan huellas musulmanas por doquier. De ellas nos embelesaremos con el porte imponente de la Alcazaba.

Alcazaba, fortaleza amurallada dentro de la medina amurallada. Fortaleza y palacio a un tiempo. Hombres y mujeres, guerreros y palatinos.

 

Desde los jardines Pedro Luis Alonso, entre naranjos y flores, el paseante al alzar su vista es absorbido por la magnificencia de la Alcazaba. A la izquierda se atisban las terrazas y estancias exteriores del palacio nazarí; a la derecha la Torre del Homenaje nos transporta a tiempos medievales.

Las palmeras hacen guardia ante las murallas de la bien defendida Alcazaba y las florecillas malvas sobre lecho verde nos recuerdan los colores de Málaga y su eterna primavera.

 

Las torres, de imponente altura, la hace poco menos que inexpugnable, y sus defensas disuaden a quien ose alterar el "status quo".

 

Pero pronto vemos cómo la gran torre de flanqueo sólo es una de las muchas que el lienzo de muralla tiene.

 

Penetremos en su interior, sorteando las distintas puertas en quiebro o recodo para su mejor defensa.

El ladrillo ha sido generosamente utilizado, los arcos, unos de medio punto, otros apuntados y de herraduras otros más,  nos van permitiendo que nuestro conocimiento avance al interior de las entrañas de la Málaga musulmana medieval.

Las distintas alturas nos enseñan las estaciones del perfeccionamiento humano; y al fondo, el cielo azul Málaga, y su luna, que rezagada aún se resiste a guarecerse de los rayos solares.

 

 

Los árboles  mueren de pie, nos avisa Alejandro Casona; aquí los cipreses permanecen de pie para vivir, crecer, superar las murallas y ser acariciados por la brisa del mar. Quizá crean en Dios como los de José María Gironella.

 

 

 

 

Y junto a cualquier paramento multitud de restos romanos, no en balde está el teatro romano a su costado. Y los musulmanes usaron los materiales de acarreo con profusión, reutilizando todo lo que pudieron.

Y para muestra, la fotografía precedente y las cuatro siguientes.

 

 

Arco tras arco, el paso a través de ellos  nos permite descubrir todos  los tesoros que la Alcazaba de Málaga tiene. Los trabajos de los restauradores han sido magníficos; desde los tiempos heroicos de D Juan Tembury hasta nuestros días, todo los técnicos, artistas y obreros que han destilado lo mejor de sí mismos para conservar, embellecer y legar al futuro nuestro pasado  merecen un gran homenaje.

 

La Alcazaba se encuentra sobre una colina cercana al mar, hoy separada de él por el maravilloso parque romántico de la ciudad  enclavado en terrenos ganados al Mediterráneo.

La fortaleza se halla en una colina de 130 m de altitud en cuya falda contraria al mar hubo una colonia fenicia, no estando claro si los musulmanes usaron fortaleza fenicia alguna o no, lo qué sí es seguro es que aprovecharon y, de qué modo, una fortaleza romana, por ello hay restos de este origen por todas partes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Construido por Badis-Maksam en los primeros  tiempos de la conquista islamita, allá por la segunda década del S.VIII, fue en tiempos del primer emir de al-Andalus "Abd al-Rahmãn I "al-Dajil", "el Inmigrado" cuando se asientan las bases estructurales y se mejora la Alcazaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo el interior está adornado con jardines. Los cipreses, naranjos y palmeras se alternan, se acercan y alejan entre sí en un verdadero ballet de armonía natural. Árboles, plantas verdes y flores acompañan al visitante durante todo su recorrido. Pero si la Alcazaba está dotada de gran belleza, no es menos su fortaleza militar, su sentido de lugar de defensa para los gobernantes; su doble amurallamiento, sus enormes torres defensivas, sus 30 puertas en recodo, su estructura zigzagueante y adaptada al terreno quebrado del monte y, por último, conectada mediante dos hileras de muralla en gran pendiente con el castillo de Gibralfaro :"la Coracha".

La Alcazaba cumple a la perfección su doble vocación en un único concepto de utilidad estética privilegiadamente ubicada: fortaleza ensimismada en su belleza frente al mar.

Sirvió a los emires y los califas omeyas de Córdoba durante todo el tiempo que se mantuvieron en el poder. Tras la caída del Califato, Málaga se convertiría en reino Taifa en el 1026, con su primer rey propio de la dinastía Hammudí, Yahyá I Ibn Alí ibn al-Mu'talí quien reinó en los últimos tiempos de Sancho III "el Mayor" de Navarra y murió el mismo año que aquel  en 1035. Fue sucedido por Idrisi I, Yahyá II, Hassan I y en total 12 reyes propios en un periodo muy interrumpido por los distintos avatares históricos, hasta su definitiva unión con el reino nazarí de Granada 1238. Eran tiempos del gran rey castellano Fernando III "el Santo".

 

Tras la dinastia Hammudí, vinieron los Ziríes, con el famoso rey Badis, y después la dinastía Hassun (con su único representante el rey Hassun al-Kalbí) y al final la dinastía Banu Zannun para pasar a pertenecer a Granada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En todos estos años hubo tres interrupciones, primera y la menor, la del "régulo eslavo"  Naya "el usurpador", que sólo duró parte del año 1042.

 

 

 

Mucho más importantes e interesantes son los dos grandes paréntesis de la vida autónoma del reino Taifa de Málaga:

 

 

Periodo almorávide  1090 al 1145 y periodo  almohade, 1153 al 1229.

 

Como Corte, que tanto tiempo fue, el Reino de Málaga precisaba del boato y el protocolo que a semejanza del caído Califato, todas  las taifas de España copiaron y mantuvieron, quizá para encubrir por elevación su intrínseca debilidad.

Echando cuentas, desde el 1028 de nuestro primer rey taifa,Yahyá I, hasta el último, el rey Zannun en 1228, son 202 años de historia; de los cuales, 55 fueron almorávides y 71 almohades, por lo que como reino propio autónomo sólo fueron 76 años, y 12 sus reyes.

La conjunción de edificación y naturaleza trabajada por la mano del hombre da a la Alcazaba de Málaga una belleza especial, le imprime carácter y atrae la atención de cuantos la visitan.

 

En estos balcones de singular belleza, se asomarían los miembros de la Corte Real. Los arcos polilobulados, hoy blancos por el deterioro de la pintura a la intemperie, pero antaño policromados enmarcarían las figuras más señeras del reino.

En Málaga se encontraron personajes clave de la Historia de la ciudad y de España, pues a partir de su unión con el Reino de Granada, la dinastía nazarí  alojó entre los muros de su alcazaba los miembros de la dinastía que habían caído en desgracia.

En aquellos años en el Reino de Granada se aunaban las más altas cotas de belleza y refinamiento palaciego con la mayor debilidad político militar. Al coincidir en el tiempo, la  fortaleza de los reinos cristianos, con los Reyes Católicos a la cabeza, la situación de vasallaje que el rey granadino debía al rey castellano y las múltiples traiciones que en el interior de la corte granadina se dieron, la caída de Granada era sólo cuestión de tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En estas estancias palatinas, los reyes nazaríes destronados, repuestos, destronados de nuevo, traicionados por sus más íntimos, pasaron muchas horas de sus agitadas vidas. El rey Sai'd, Muley Hacem, Abd Allah "el Zagal ", fueron tres de los últimos cuatro reyes de la Corte de Granada que habitaron en este palacio para esperar tiempos mejores.

 

Patio de la alberca que recibió los pasos de tantos gobernantes preocupados por los acontecimientos de la política y de la guerra. Y que tanto nos recuerda a la Alhambra, aun en su mucha mayor modestia y cuyos bellos enlosados verdes y blancos, junto al agua calma y los setos bien torneados nos dona paz para el espíritu inquieto o para el alma atormentada.

 

Sombra y luces, arcos entre habitaciones contiguas adornados con singular belleza.

 

El siglo XV avanza raudo a su final, 1487 será un año clave. Fernando "el Católico" decide lanzarse a la conquista de Málaga.

Tras mucho tiempo de asedio, de una resistencia "numantina" y un ataque tenaz, la ciudad cae. El éxito se basó en la estrategia de desabastecimiento de interior de la medina, de un ataque inteligente y decidido por Fernando "el Católico" y el uso de la mayor tecnología de la guerra de su tiempo: las temibles lombardas manejadas por Ramírez de Madrid.

En el castillo de Gibralfaro se hallaba "el Zegrí", el aguerrido, valiente al extremo de ser temerario, militar al mando de la plaza y protegido por los famosos Gomeres, guerreros norteafricanos, de valentía sin par, pero la suerte de la batalla cayó del lado cristiano.

 

 

 

 

El 19 de agosto de 1487, el pendón de Castilla y la Cruz de Toledo se enarbolaron en la Torre del Homenaje de la Alcazaba. Una misa en la Puerta del Cristo fue concelebrada en acción de gracias. 

 

FIN