Baños árabes de Ronda, purificación del cuerpo y del espíritu.
Elsje Fokkelman y Francisco Fortes
Colección: medieval-spain.com
El puente, que siendo medieval por romano es tomado, atraviesa intrépido el Guadalevín en las garganta o tajo que las verticales paredes conforman.
Alturas de vértigo que a Ronda caracterizan, también aquí abajo, por donde el cauce del río discurre se pueden observar. Los cuervos en las paredes porosas anidan y con sus alas extendidas de azabache y noche embrujada revolotean por estos precipicios sin el menor reparo.
Un mundo de arcos de cálido ladrillo nos recibe. Palmeral de oasis humano que sombra y acogimiento dona a quien a los baños acude.
Junto al Puente de Curtidurías, los baños árabes nos muestran cómo
fue la época de esplendor musulmán en Ronda. Cómo vivieron sus
pobladores desde Abd al-Aziz el hijo de Muza hasta la decadencia
nazarí.
En el centro un estanque de agua reflejará los cielos de la Arunda celta que en Ronda se convertirá.
Antes de entrar en la medina, la purificación de los cuerpos ayuda a la limpieza del alma; acto obligatorio, salvoconducto imprescindible y protector de enfermedades transmisibles y de ideas inconfesables, los baños centran el acceso a la ciudad.
Bajando
las escaleras retorcidas llegaremos al patio con sus columnas
y arcos que nos conducirán a las
estancias termales.
El arroyo de las Culebras y el río Guadalevín se encuentran y un festejo de agua ha lugar. El hombre se aprovecha de ello mediante noria y acueducto el agua se ha de llevar.
En cualquier rincón la belleza y la historia nos espera como novia anhelante. Y nosotros con los sentidos abiertos nos dejamos inundar de ella.
¡Agua!, riqueza tan primitiva y esencial, que siete siglos han pasado pero su importancia no ha aminorado ni en el futuro cercano ha de menguar. De la noria a los baños este pequeño acueducto nos la traerá.
Piedras del trabajo de la noria, de memoria intrincada vagan junto a los
muros
de los “hamman”.
Y al fin la puetecita, de ladrillo simple dovelada y jambeada, nos da paso a la sala fría y a la templada donde departir con amigos, donde las relaciones fluían, lo negocios se cerraban, los proyectos se comunicaban, donde el alma purificada por el agua hacían a al-Andalus grande.
Y a través de las estrellas de ladrillo, la luz ilumina a los que al baño acuden.
Ladríllo bellísimo; bien trabajado para conformar basamentos, fustes de columnas de múltiples caras, capiteles y arcos de herradura. Con ellos construidas las salas fría, templada y caliente. Con ellos el tránsito de la vida de al-Andalus en la inmemorial Arunda. Hasta al fin en la Ronda serrana y cristiana, que llegando a nuestros días permite a miles de personas llegadas de todo el mundo visitar la edad media musulmana en la Península Ibérica.
¡Qué nos gustaría darnos un baño y otros cuidados en estas estancias de ensueño!
Un último vistazo antes de partir. Aquí queda registrado para quien estas imágenes desee ver,
para quien recrear en su mente otros tiempos quiera. Otros tiempos, lejanos, pero de cuyos
entresijos, sin duda en parte somos descendientes y producto. Historia, arte, hombres y mujeres
de entonces y ahora.
FIN